Durante buena parte de su historia, la escuela como
institución moderna por excelencia, funcionó como la monopolizadora
de la divulgación de los saberes eruditos, del conocimiento
socialmente validado. Pero mientras las industrias culturales no
cuestionaron su hegemonía técnica, la escuela pudo mantener su
statu quo original, exigiendo que los alumnos se adaptaran al
conocimiento, en vez de adaptar el conocimiento a los alumnos (quizás
la nostalgia por la “vieja y prestigiosa escuela” sea ésta).
Cuando llegó la democracia en 1983 a la Argentina, llegó la idea de
la educación como derecho en un intento de alinearse a los
lineamientos internacionales políticamente correctos...y apenas diez
o quince años después de eso, llegó la internet a nuestro país al
alcance de todos y todas.
En las últimas décadas, la revolución tecnológica
ha generado cambios en el modo de relacionarnos, de comunicarnos y de
aprender que requieren el desarrollo de competencias y habilidades
complejas. Es que Internet propone la disponibilidad total de los
saberes que antes eran monopolizados por el docente, pero de forma
desordenada, desregulada y en múltiples plataformas (puede venir de
un texto, de una imagen, de un audio y hasta de un video de menos de
dos minutos). Entonces enseñar en la actualidad, en nuestro caso las
prácticas del lenguaje, supone asumir los modos particulares que, en
esta época, adquieren la lectura, la escritura y la oralidad
atravesadas por la hipertextualidad, la multimedia y el lenguaje
audiovisual. Para que los estudiantes puedan participar plenamente en
la sociedad, será necesario abordar estas prácticas promoviendo que
los alumnos accedan a las posibilidades y desafíos que ofrecen las
TIC. Como explica Luis Quevedo: “el mundo digital [...] está
produciendo una convergencia de formatos y lenguajes que va
modificando todos los productos culturales que conocíamos hasta el
presente. [...] Cultura digital que [...] implica la adquisición de
un ‘conocimiento en mosaico’ caracterizado por los montajes
temporales y la fragmentación, y sobre todo, por la aparición del
hipertexto que mezcla formatos, lenguajes originados en distintos
ámbitos (textos, gráficos, imágenes animadas, fotografías, etc.),
y que combina la información con la ficción, superponiendo
distintos géneros estéticos” (Sirio, 2014:17).
¿Cómo la escuela podrá adecuarse rápidamente a la
cantidad de nuevos formatos que surgen? No tengo la respuesta. Lo que
sí sé, es que las instituciones educativas son los escenarios
ineludibles donde estas prácticas pueden y deben enseñarse y
aprenderse con sentido inclusivo.
La premisa que tenemos que tener clara es que la
educación sin innovación no es educación. Debemos vincular a todos
los chicos a un conocimiento que les resulte intelectualmente
desafiante, que los mueva a preguntar, a ampliar sus horizontes, a
imaginar un futuro.
En este sentido, un estudio titulado “Las actitudes
y creencias de los profesores de secundaria sobre el uso de Internet
en sus clases” dice: “Aunque las actitudes sean en general
positivas, aquellos docentes que consideran que estos recursos no
tienen valor instructivo, no los incorporan a sus prácticas y esta
relación resulta significativa sobre todo en los grupos de mayor
edad, como también se pone de manifiesto en el trabajo de Paraskeva
y otros (2007). Pero además de la actitud, la creencia de los
profesores en su competencia digital parece explicar también la
probabilidad de que utilicen los recursos de la Red en sus prácticas
docentes. Y en este caso, las diferencias se deben no sólo a la
edad, sino también al sexo de los docentes. Sin embargo, aunque el
papel de las creencias sobre la atribución de la propia competencia
parece ser determinante en la adopción de los recursos, la formación
recibida sobre Internet resulta efectiva para mejorar la percepción
de tal competencia digital”.
Como decía antes si no se innova, educar pierde su
sentido. No obstante, y al mismo tiempo, educar es poder, es control,
es por eso que hay mucha resistencia a ceder ese control sobre todo
en algunos docentes. Tenemos que perder el miedo, porque es claro que
la escuela -estatal o privada- indudablemente sobrevivirá como
maquinaria de conocimiento, porque es la única institución capaz de
ordenar y jerarquizar la información sistemáticamente, ya que ésa
es su función primordial. La educación vive un momento de coyuntura
“un cambio de época, con nuevos roles y modos de aprendizaje,
donde la educacional abierta, inclusiva y ubicua, convierte a los
alumnos en protagonistas del proceso”, dice el investigador y
profesor Juan Domingo Farnós.
Volviendo al tema anterior, la educación formal,
reglada, se mantiene con un modelo del siglo XX, pero con las
tecnologías actuales es inviable, porque los estudiantes cambiaron,
antes éramos sujetos pasivos, consumidores de información y
formación; y ahora tenemos la posibilidad de ser activos. Las TIC
convirtieron a los estudiantes en productores y consumidores a la
vez, y están consiguiendo incluso que pasen de ser protagonistas a
ser los responsables de su educación. En este nuevo paradigma ¿sera
qué los profesores tendremos que cambiar el rol a facilitadores?
Expone Emilia Ferreiro: “Conviene considerar las producciones de
los jóvenes de hoy en espacios como chat, SMS, Facebook, Twitter
[...]. Hay componentes de transgresión, de diversión y de invención
en el comportamiento de estos nuevos escritores [...]. Es útil
detenerse a analizar algunos de los procedimientos más populares
utilizados para producir formas abreviadas. En efecto, aunque los
jóvenes intentan inventar, un análisis de sus producciones muestra
que, sin saberlo, están recurriendo a procedimientos que han sido
utilizados por la humanidad a lo largo de la compleja y tortuosa
historia de las escrituras. Un ejemplo lo constituyen las
abreviaturas [...]. Es útil saber que las abreviaturas son muy
antiguas. Ya existían en la Roma Antigua y fueron extremadamente
populares entre los copistas de la Edad Media, época en que fueron
justificadas por permitir utilizar al máximo las caras y escasas
superficies de los pergaminos, y también porque se trataba de
comunidades de lectores restringidas, que podían anticipar con
relativa facilidad lo escrito abreviado”.
No quiero terminar sin decir algo fundamental, no
habrá cambio posible en las escuelas públicas sin un acceso real a
Internet con un buen ancho de banda dentro de las instituciones
educativas. Porque muchas veces, la brecha no se encuentra en el
acceso a los dispositivos, sino en el acceso a la conectividad.
Por lo tanto, los medios digitales amplían,
diversifican y resignifican las prácticas en la escuela, a la vez
que presentan nuevas posibilidades y desafíos. En la actualidad, la
mayoría de estas prácticas se dan a través de herramientas
digitales. Esto supone nuevas organizaciones textuales y relaciones
intertextuales, nuevos vínculos con los contenidos. No cabe duda que
el acceso y el uso de estas nuevas formas es imprescindible para que
realicemos cualquier tarea docente.
Bibliografía:
-Bombini, Gustavo, “Reinventar la enseñanza de la
lengua y la literatura”, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2006.
-Farnós, Juan Domingo, disponible en:
https://juandomingofarnos.wordpress.com
-Ferreiro, Emilia (2006) “Nuevas tecnologías y
escritura” disponible en:
http://portal.educ.ar/debates/educacionytic/Nuevas%20tecnolog%EDas%20y%20escritura.pdf
-“Lengua, literatura y TIC: orientaciones para la
enseñanza”, Ana Siro [et.al.] ; con colaboración de María Elena
Rodríguez; coordinado por María Elena Cuter y Ana Siro, 1a ed.
ANSES, Buenos Aires, 2014.
-Ramírez-Orellana, Elena, Cañedo-Hernández,
Isabel, Clemente-Linuesa, María (2012) “Las actitudes y creencias
de los profesores de secundaria sobre el uso de Internet en sus
clases” disponible en:
http://www.revistacomunicar.com/indice/articulo.php?numero=38-2012-18
-Revista “Aprender para Educar con Tecnología”
disponible en: https://issuu.com/cristinavdls/docs/ape_9__4_/30

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