domingo, 2 de abril de 2017

Internet donde se encuentra la disponibilidad total de los saberes


Durante buena parte de su historia, la escuela como institución moderna por excelencia, funcionó como la monopolizadora de la divulgación de los saberes eruditos, del conocimiento socialmente validado. Pero mientras las industrias culturales no cuestionaron su hegemonía técnica, la escuela pudo mantener su statu quo original, exigiendo que los alumnos se adaptaran al conocimiento, en vez de adaptar el conocimiento a los alumnos (quizás la nostalgia por la “vieja y prestigiosa escuela” sea ésta). Cuando llegó la democracia en 1983 a la Argentina, llegó la idea de la educación como derecho en un intento de alinearse a los lineamientos internacionales políticamente correctos...y apenas diez o quince años después de eso, llegó la internet a nuestro país al alcance de todos y todas.
En las últimas décadas, la revolución tecnológica ha generado cambios en el modo de relacionarnos, de comunicarnos y de aprender que requieren el desarrollo de competencias y habilidades complejas. Es que Internet propone la disponibilidad total de los saberes que antes eran monopolizados por el docente, pero de forma desordenada, desregulada y en múltiples plataformas (puede venir de un texto, de una imagen, de un audio y hasta de un video de menos de dos minutos). Entonces enseñar en la actualidad, en nuestro caso las prácticas del lenguaje, supone asumir los modos particulares que, en esta época, adquieren la lectura, la escritura y la oralidad atravesadas por la hipertextualidad, la multimedia y el lenguaje audiovisual. Para que los estudiantes puedan participar plenamente en la sociedad, será necesario abordar estas prácticas promoviendo que los alumnos accedan a las posibilidades y desafíos que ofrecen las TIC. Como explica Luis Quevedo: “el mundo digital [...] está produciendo una convergencia de formatos y lenguajes que va modificando todos los productos culturales que conocíamos hasta el presente. [...] Cultura digital que [...] implica la adquisición de un ‘conocimiento en mosaico’ caracterizado por los montajes temporales y la fragmentación, y sobre todo, por la aparición del hipertexto que mezcla formatos, lenguajes originados en distintos ámbitos (textos, gráficos, imágenes animadas, fotografías, etc.), y que combina la información con la ficción, superponiendo distintos géneros estéticos” (Sirio, 2014:17).
¿Cómo la escuela podrá adecuarse rápidamente a la cantidad de nuevos formatos que surgen? No tengo la respuesta. Lo que sí sé, es que las instituciones educativas son los escenarios ineludibles donde estas prácticas pueden y deben enseñarse y aprenderse con sentido inclusivo.
La premisa que tenemos que tener clara es que la educación sin innovación no es educación. Debemos vincular a todos los chicos a un conocimiento que les resulte intelectualmente desafiante, que los mueva a preguntar, a ampliar sus horizontes, a imaginar un futuro.
En este sentido, un estudio titulado “Las actitudes y creencias de los profesores de secundaria sobre el uso de Internet en sus clases” dice: “Aunque las actitudes sean en general positivas, aquellos docentes que consideran que estos recursos no tienen valor instructivo, no los incorporan a sus prácticas y esta relación resulta significativa sobre todo en los grupos de mayor edad, como también se pone de manifiesto en el trabajo de Paraskeva y otros (2007). Pero además de la actitud, la creencia de los profesores en su competencia digital parece explicar también la probabilidad de que utilicen los recursos de la Red en sus prácticas docentes. Y en este caso, las diferencias se deben no sólo a la edad, sino también al sexo de los docentes. Sin embargo, aunque el papel de las creencias sobre la atribución de la propia competencia parece ser determinante en la adopción de los recursos, la formación recibida sobre Internet resulta efectiva para mejorar la percepción de tal competencia digital”.
Como decía antes si no se innova, educar pierde su sentido. No obstante, y al mismo tiempo, educar es poder, es control, es por eso que hay mucha resistencia a ceder ese control sobre todo en algunos docentes. Tenemos que perder el miedo, porque es claro que la escuela -estatal o privada- indudablemente sobrevivirá como maquinaria de conocimiento, porque es la única institución capaz de ordenar y jerarquizar la información sistemáticamente, ya que ésa es su función primordial. La educación vive un momento de coyuntura “un cambio de época, con nuevos roles y modos de aprendizaje, donde la educacional abierta, inclusiva y ubicua, convierte a los alumnos en protagonistas del proceso”, dice el investigador y profesor Juan Domingo Farnós.
Volviendo al tema anterior, la educación formal, reglada, se mantiene con un modelo del siglo XX, pero con las tecnologías actuales es inviable, porque los estudiantes cambiaron, antes éramos sujetos pasivos, consumidores de información y formación; y ahora tenemos la posibilidad de ser activos. Las TIC convirtieron a los estudiantes en productores y consumidores a la vez, y están consiguiendo incluso que pasen de ser protagonistas a ser los responsables de su educación. En este nuevo paradigma ¿sera qué los profesores tendremos que cambiar el rol a facilitadores? Expone Emilia Ferreiro: “Conviene considerar las producciones de los jóvenes de hoy en espacios como chat, SMS, Facebook, Twitter [...]. Hay componentes de transgresión, de diversión y de invención en el comportamiento de estos nuevos escritores [...]. Es útil detenerse a analizar algunos de los procedimientos más populares utilizados para producir formas abreviadas. En efecto, aunque los jóvenes intentan inventar, un análisis de sus producciones muestra que, sin saberlo, están recurriendo a procedimientos que han sido utilizados por la humanidad a lo largo de la compleja y tortuosa historia de las escrituras. Un ejemplo lo constituyen las abreviaturas [...]. Es útil saber que las abreviaturas son muy antiguas. Ya existían en la Roma Antigua y fueron extremadamente populares entre los copistas de la Edad Media, época en que fueron justificadas por permitir utilizar al máximo las caras y escasas superficies de los pergaminos, y también porque se trataba de comunidades de lectores restringidas, que podían anticipar con relativa facilidad lo escrito abreviado”.
No quiero terminar sin decir algo fundamental, no habrá cambio posible en las escuelas públicas sin un acceso real a Internet con un buen ancho de banda dentro de las instituciones educativas. Porque muchas veces, la brecha no se encuentra en el acceso a los dispositivos, sino en el acceso a la conectividad.
Por lo tanto, los medios digitales amplían, diversifican y resignifican las prácticas en la escuela, a la vez que presentan nuevas posibilidades y desafíos. En la actualidad, la mayoría de estas prácticas se dan a través de herramientas digitales. Esto supone nuevas organizaciones textuales y relaciones intertextuales, nuevos vínculos con los contenidos. No cabe duda que el acceso y el uso de estas nuevas formas es imprescindible para que realicemos cualquier tarea docente.



Bibliografía:

-Bombini, Gustavo, “Reinventar la enseñanza de la lengua y la literatura”, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2006.
-Farnós, Juan Domingo, disponible en: https://juandomingofarnos.wordpress.com
-Ferreiro, Emilia (2006) “Nuevas tecnologías y escritura” disponible en: http://portal.educ.ar/debates/educacionytic/Nuevas%20tecnolog%EDas%20y%20escritura.pdf
-“Lengua, literatura y TIC: orientaciones para la enseñanza”, Ana Siro [et.al.] ; con colaboración de María Elena Rodríguez; coordinado por María Elena Cuter y Ana Siro, 1a ed. ANSES, Buenos Aires, 2014.
-Ramírez-Orellana, Elena, Cañedo-Hernández, Isabel, Clemente-Linuesa, María (2012) “Las actitudes y creencias de los profesores de secundaria sobre el uso de Internet en sus clases” disponible en: http://www.revistacomunicar.com/indice/articulo.php?numero=38-2012-18
-Revista “Aprender para Educar con Tecnología” disponible en: https://issuu.com/cristinavdls/docs/ape_9__4_/30


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